En el Liceo, nuestros alumnos mas pequeños se benefician de un proyecto innovador. Cada semana, salen en uno de nuestros patios, o al lago de Laguna de Duero, para dar clase fuera de su aula.
¿Qué hacen fuera? Lo mismo que hacen en clase, ¡pero de una forma completamente distinta! Contamos las castañas en temporada y creamos una obra de arte recogiendo hojas muertas y pequeños trozos de madera. Podemos observar animales, aprender a reconocerlos e incluso hacer un inventario de los insectos que se encuentran en nuestros jardines. Podemos descubrir letras en el camino que lleva al lago, o reproducirlas utilizando material natural recogidos durante un paseo. No faltan actividades, y todas son una fuente inagotable de motivación para nuestros jóvenes alumnos.
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Pero más allá del cambio de entorno, dar clase a la sombra de un árbol o en un jardin botánico tiene muchas ventajas. Aprender fuera de la clase influye en la capacidad de los niños de estar atentos, fomenta su implicación en su aprendizaje, les ayuda a memorizar sus conocimientos, les enseña el respeto y la responsabilidad hacia la naturaleza además de desarrollar su creatividad, y finalmente, refuerza sus vínculos sociales haciendo actividades de cooperación y su autonomía.